DRY convoca este domingo a una movilización bajo la consigna "una persona, un voto". En su manifiesto se pone de relieve la sensación que impulsa al movimiento, aunque, desde mi punto de vista, falta concreción.
Si algo puede llegarse a colegir es la propuesta de una ley electoral que abandone la concentración de votos para favorecer mayorías y, por el contrario, permita una mayor expresión de las minorías.
Con todo, es obvio que, pese a que se entiende sin dificultad lo que se pretende, uno se cuestiona ¿no tiene cada persona un voto? ¿No tiene el mismo valor el voto de cada elector?
Sencillamente, ahí no está el problema. No se trata de que exista discriminación entre electores; la cuestión estriba en cómo se ha implantado la distribución de escaños. Es más, pese a que una y otra vez D'ont sea el acusado, lo cierto es que la disfunción entre los votos obtenidos por cada partido y los escaños que obtiene está causada por el reparto de éstos en circunscripciones provinciales.
De este modo se explica fácilmente por qué algunos partidos que han obtenido menos votos pero concentrados en pocas provincias (el caso de CiU y PNV son paradigmáticos en este sentido) obtienen más diputados que otras formaciones con igual e incluso mayor número de votos en todo el Estado (aquí el ejemplo son IU y UPyD).
La solución pasa por una correcta formulación legal y, seguramente, por una reforma constitucional, además de no ser, ni por asomo, el único asunto relevante para una mejora democrática tanto de nuestras instituciones como de nuestra sociedad; sin embargo, es importante que nos impliquemos en cómo queremos elegir a nuestros representantes, en exigir que el resultado electoral sea fiel reflejo de lo que votamos.
---
1 comentarios:
Algunos se han anquilosado en la transición y piensan que entonces se dijo todo, y ahora no quierne más reformas. Pienso como ´tu hay mucho que reformular
Publicar un comentario en la entrada