martes 24 de enero de 2012

XXXV Atocha

Se cumplen hoy 35 años de la "matanza de Atocha" en 1977. El desgraciado y no menos importante atentado del 11-M, que también se vincula a Atocha (en este caso a la estación y no a la calle), quizás ya haya postergado de algún modo aquel luctuoso episodio de nuestra historia reciente, en plena transición.

Para mí -que, ejerza o no, tengo la abogacía dentro- la efeméride tiene indudable importancia.

Por más que, de una forma u otra, la labor del abogado sea vilipendiada, no existe verdadera justicia, ni verdadera libertad, ni verdadera democracia si el derecho de defensa no está garantizado, si uno no puede estar asesorado, si no puede saberse amparado. Aquel episodio sangriento dio, seguramente, un vuelco a nuestra historia porque se atentó con quienes se dedicaban a defender a trabajadores. La significación política y la afiliación sindical fueron y son secundarias a esa labor.

Aún hoy, puede que hoy más que nunca, se sigue pensando que los abogados son (somos) un mal, hasta que, claro está, alguien necesita ser defendido y... busca un abogado.

No creo que debamos ahorrar en autocrítica, todo lo contrario. Si tanto se reprocha a la abogacía, será que algo hay que mejorar. Esa premisa es indispensable, tanto como que, como bien dice la deontología profesional, uno se debe a sus clientes aun a costa de sacrificios y contratiempos, muchas veces aun a costa de la incomprensión del propio defendido, que tantas veces se vuelve en contra de sí mismo.

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1 comentarios:

Didac Valmon dijo...

pienso como tú. Lo qe pasa es que el abogado se ha convertido muchas veces en algo que se teme por cómo se comporta. UNa lástima

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